La poca valoración de lo que realmente significa un tiempo de pandemia, es tan alarmante como la pandemia misma, y por momentos la supera. Subestimar tiene que ver además con un invasión al espacio de que toma recaudos, por parte del que desestima o menosprecia el Covid-19 y le da lo mismo en diferentes y simples gestos: no mantener la distancia social pactada por los ente de la salud. No usar correctamente el barbijo. No medir el contacto social, ni en calidad y mucho menos en cantidad.

En síntesis: hay un grupo social al que no le importa absolutamente nada. Subestima y a la misma vez, invade los espacios del que hace lo contrario.

Los tiempos que corren son claves dentro de un marco de obediencia y paciencia. El Covid-19 tiene diversas caras de expresión a la hora de manifestarse en un cuerpo. Parece frágil y sin fuerzas, (a veces no) en los jóvenes y algunos adultos. Se muestra en síntomas y por otro lado se “oculta”; y en contrapartida, cuando ingresa a un cuerpo débil, con otras patologías, acelera su expresión y literalmente mata. Asesina. Acaba con la vida.

El análisis pasa por dejar una reflexión preocupante. Al contrario, pasa por dejar una mirada que se ocupe. Que edifique. Que genere un patrón de respeto mutuo y baje considerablemente las tristes estadísticas de un Tucumán que en parte se relajó y le quiso mojar la oreja a un virus y hoy suma más casos en su día a día.

De nada sirve educar, si la misma no es acompañada por la acción posterior. Solo con obediencia se sale de un sitial donde la negligencia le va ganando la pulseada al sentido común.

Los que hoy le sonríen con picardía a esta situación, mañana no esta exentos de pasar alguna situación sofocante.

¡Cuidado! Las risas picarescas de hoy pueden ser lagrimas de incertidumbres mañana.

Por Patricio Guzmán.

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