A la luz del régimen conclusional, que debe decidir en tiempo récord la suerte de 1.500 menores en conflictos con la ley, abordó un caso emblemático: el de «Chanchón», el temible adolescente de Villa 9 de Julio.

«Chanchón» cumple con todos los requisitos temporales para ser considerado un «millenian». Nació cuando se extinguía la mecha de la bomba que hizo estallar al país a fines del 2001 y desde muy joven su alias es conocido en los medios, especialmente los sociales.
Su fama viene de ser un sujeto temible que asoló las calles desde los 15 años, drogado y armado, acumulando 41 causas penales que incluyen tres homicidios y uno más en grado de tentativa.

En Octubre de 2016 asesinó a Adriana del Valle Chávez, pero nunca afrontó cargos. Era inimputable. Tres meses después, en Enero de 2017, acabó con la vida de Carlos Sebastián Ruesjas y en Agosto de ese mismo año ultimó a Diego Ramón Costilla. Entre uno y otro crimen fue sumando delitos hasta lograr llenar varias fojas con episodios de arma de fuego, robo agravado, lesiones y amenazas.

Al día de hoy, algunas de esas causas aún están en trámite (la mayoría se archivaron porque se iniciaron cuando era menor de edad).
Dos en especial podrían hacer que por fin, el temible «Chanchón» sea llevado a juicio. Se trata del último homicidio mencionado y el intento de acabar con la vida del guardia del Instituto Roca, Bruno González, a quién atacó con una faca cuando intentaba escapar.

Con su historial de tres años delinquiendo impunemente bajo el paraguas protector de la minoría de edad que le permitió acumular las más de 40 causas y ni una condena el peligroso sujeto, que lleva ya tres años internado, se convirtió en mayor, y por tanto en imputable, mientras entraba y salía del Roca.
Fue trasladado a la cárcel de Villa Urquiza, donde siguió su derrotero de violencia y adicciones gracias a la facilidad con que se consiguen estupefacientes dentro del penal.

Ahora que su caso, emblema de las falencias del sistema judicial para lidiar con los menores en conflicto con la ley, cayó bajo la órbita del Régimen Conclusional, se decidió apurar el paso. Apareció entonces su abogado, José María Molina, quien como primera medida esgrimió una justificación para el intento de homicidio en el Roca. Dijo que «Chanchón» era la víctima de los malos tratos de los custodios.

Luego en la audiencia con la comenzó el acelerado camino para sustanciar un juicio que se demoró años, el letrado presentó al peligroso joven poco menos que como un padre modelo. Aseguró que el nacimiento de su hija le ha cambiado la vida llevándolo a superar sus estudios de primaria. Citó para ello informes de profesionales de la cárcel y sumó el aporte de la Defensora de Menores Mónica Romano.

Con estos argumentos, solicitaron que «Chanchón» sea puesto bajo un régimen de detención domiciliaria que primero iba a contar con la custodia de un policía pero después cambió por la simple colocación de una pulsera electrónica y la obligación de concurrir periódicamente a una certificación de firma en dependencias judiciales.

El Juez Federico Moeykens tras consultar al guardia del Roca al que el joven trató de matar y recibir su visto bueno, aceptó que por primera vez en años, «Chanchón» salga libre sin la necesidad de fugarse, como lo hizo en más de una oportunidad. Debe vivir en casa de su hermana y en compañía de su pareja y su hija. Un alivio para él pero no para los vecinos, que aún recuerdan con temor y respiraron aliviados durante los años que estuvo lejos de las calles.

Fuente: Contexto Tucumán.

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