Fue otro Boca. Dentro de la normalidad xeneize, que es ganar mucho, empatar poco y perder nunca. No perseguido por las urgencias, sino por la tranquilidad que le otorga tener el foco en la Libertadores, contar con tiempo para probar antes de que arranquen los octavos y tener la Copa de la Liga como tubo de ensayo. Y ese otro Boca ganó como el otro, ganó bien. Fue 2-1 a Lanús en la Fortaleza, donde suele jugar mucho pero celebrar poco en los últimos años, y sumó la octava victoria seguida por competencia local.

El laboratorio de Russo mostró unos cuantos cambios interesantes y algunas lagunas cuando las piernas rivales corrían más. Con Capaldo en lugar de Pol Fernández, Cardona ratificado por la banda izquierda y Ábila en lugar de Soldano. Y con un 4-2-2 flexible, que movía sus piezas, las intercambiaba de tanto en tanto.

De esas cosas interesantes, Cardona desequilibrante por afuera y Cardona generador por adentro, cuando se cerraba y retrocedía, controlaba, manejaba, lanzaba desde las inmediaciones de Campuzano, normalmente abriendo desde la izquierda para la derecha, hacia el tándem Buffarini-Salvio. Pero siempre, en ambas posiciones, dueño de la pelota.

También sobresalió el 1-2 en ataque de Tevez-Ábila, que guardó una relación distinta a la de Tevez-Soldano, con el Apache generalmente en la misma línea o detrás de su amigo Wanchope y no a la inversa. Y hubo conexiones y goles de ambos.

Ya a los tres minutos, con un pase de Tevez, entre los centrales, Ábila tuvo una gran oportunidad en la que gambeteó al arquero por afuera y luego le dio al palo. Y a los 18, el que tuvo premio fue Carlitos, luego de encontrarse con la pelota delante del arco.

Fueron casi 20 minutos en los que Boca dominó y marcó claras diferencias con su rival. Diferencias de categoría, de juego colectivo, de ritmo de competencia. Pero el problema de Boca, luego de ponerse en ventaja, fue que no llegó a pasar el envión a puras ganas del laborioso Lanús que seis minutos más tarde se encontró con el partido empatado, por un gol con la mano de Sand que lógicamente debió haber sido anulado por Fernando Rapallini, pito de complicados antecedentes con el Xeneize. Para anotar: aunque apenas fue el cuarto gol recibido en 15 partidos del ciclo de Russo, fue el cuarto de pelota parada.

Y encima, después del empate le costó reacomodarse, no encontró la salida limpia y sencilla desde atrás con Izquierdoz, Zambrano y Campuzano, siempre presionados por el rival y obligados a arriesgar demasiado. Así, en una mala salida, Lanús estuvo ahí del segundo, sino fuera por un atajadón de Rossi a Pérez, tras un pase genial de Sand.

El empate y cómo se emparejó el partido puso a Boca bajo un examen que pocas veces tuvo en un ciclo en el que le marcaron poquitos goles. Pero enseguida se paró mejor en el mediocampo con el todoterreno Capaldo y volvió a crecer a partir del talento de Cardona y la jerarquía de Tevez, también aportó Salvio con algunas corridas y el segundo llegó a los diez minutos a través de Ábila, en su primer partido como titular desde la vuelta del fútbol. Y aunque luego no lo pudo liquidar ante la falta de efectividad de otras veces, sumó una victoria más con Russo. Y van… muchas.

Fuente: Olé

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