Los tacheros tucumanos combaten el desembarco de la aplicación que amenaza su trabajo infiltrándose entre líneas enemigas. La estrategia y un mensaje: “No estamos en campaña de romper ningún auto ni queremos hacerle mal a nadie, pero los vamos a entregar”. El video del primer vehículo secuestrado.
Dicen que en el amor y en la guerra vale todo y los taxistas tucumanos no recibieron a los choferes de Uber con mucho romance que digamos, sino con una declaración abierta de guerra que ya ha comenzado a disputarse en las calles de la provincia. En un sector que viene cada vez más golpeado, la llegada de la aplicación es percibida como una amenaza a las fuentes de trabajo y los tacheros ya tienen su estrategia secreta para combatirla: solicitan autos de Uber y los llevan directo hasta donde se encuentran los controles de tránsito. El viernes pasado ya se produjeron los primeros secuestros de vehículos, pero el conflicto recién comienza. “Vamos a pelear hasta el final”, advierte Fernando que esta vez no baja la bandera, sino que la enarbola contra el adversario.
Fernando tiene 44 años y 16 de ellos arriba del taxi, pero la semana pasada se subió por primera vez a un Uber. No había claudicado a sus convicciones. Siempre fue y será un tachero de ley y lo suyo era una acción estratégica para combatir, justamente, la ilegalidad de los Uber que ya han comenzado a circular inadvertidamente por nuestras calles. Fernando fue un infiltrado en filas enemigas con la misión de poner en evidencia a un servicio de transporte que no se encuentra todavía habilitado en la provincia y, sin embargo, funciona de manera velada. Pero lo suyo no fue una iniciativa personal, sino que es apenas uno más en una causa colectiva que ha reunido a cientos de taxistas de distintas latitudes de la provincia. El viaje de Fernando a bordo del Uber terminó en el puesto de control del Sutrappa (Servicio Único de Transporte Público de Pasajeros en Automóvil) donde le labraron la multa al chofer. “No hice nada. Cuando lo pararon, pagué, me bajé del auto y me fui”, cuenta lo que fue la acción que sus compañeros consideraron como la primera de las batallas ganadas.
“Esto va a ser una guerra a full porque vamos a defender lo nuestro. Cualquier viaje que hagan no van a saber si es un pasajero o un tachero encubierto”, comenta y su mensaje no deja lugar a dudas de la beligerancia que se vive en nuestras calles entre los taxistas y los choferes de Uber. En muchas partes, la llegada de la aplicación ha generado algunas reacciones violentas y confrontaciones ríspidas entre los bandos, pero Fernando se encarga de aclarar que ellos no pretenden apelar a esas formas, sino simplemente velar para que se haga cumplir la ley: “No estamos en campaña de romper ningún auto ni queremos hacerle mal a nadie, pero los vamos a buscar y los vamos a entregar”.
Desde el sector aseguran que sobran los motivos para ver al Uber como una amenaza a sus fuentes laborales. La actividad se ha vuelto cada vez menos rentable para propietarios y choferes y sienten que la llegada de la aplicación puede ser la estocada final que termine de dejarlos en la ruina. Según explica Fernando, en una provincia donde funcionan taxis rurales y remises ilegales, la aplicación les quitará aún más mercado del que ya resignan con la proliferación de estas variantes no reguladas: “Hay una ley que establece que tiene que haber un taxi cada 400 personas, pero acá hay un auto cada ochenta y así sino no le sirve a ninguno. Somos 7500 taxis todos apretados entre las cuatro avenidas para poder laburar. Si entra Uber todo el sacrificio nuestro de comprar la licencia y tener todo en regla se va al diablo. Nos han agarrado de boludos a nosotros los tacheros. Con el hambre que hay en Tucumán y la falta de trabajo hay muchos que agarran el auto para ganarse unos pesos, pero, aunque sean dos o tres viajes por día, lo hacés cagar al que paga todos los impuestos”.
Volviendo a la experiencia del otro día arriba del vehículo adversario, Fernando se encarga de desmitificar un servicio que muchos ponderan, pero que no es tal como lo venden: “La aplicación no te exige modelo de auto ni nada. El auto que han secuestrado no era una Ferrari como muchos creen, era un auto mucho más chico de tamaño que los nuestros y motor mil centímetros cúbicos. A nosotros no nos reciben ese auto. Además era un vehículo que no estaba registrado en Tucumán, sino en Buenos Aires”. Otro punto en contra de los Uber, advierte, es que los vehículos no cuentan con el seguro para transportar a pasajeros como exige el Sutrappa. Así como tampoco los exigen controles de sanidad a los autos ni certificado de buena conducta a los choferes: “Yo no puedo sacar el certificado de buena conducta porque, con la pandemia, no atienden en la policía. Sigo pagando la cuota y no puedo trabajar y ellos están saliendo a trabajar. Yo sólo quiero laburar hermano, yo me levanto todos los días para trabajar. El que quiere laburar que compre una licencia y se suba al auto como lo hago yo, sino estamos retrocediendo y vamos a tener varias Paulinas Lebbos más, desde que está el Sutrappa eso no ha vuelto a pasar porque a todos los taxis los tienen bien controlados”.

Fuente: El Tucumano

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