Luego de realizar una protesta frente a la Municipalidad de Yerba Buena, los puesteros consiguieron autorización para ofrecer sus productos al aire libre. Los detalles.

La última vez que el tradicional Mercadito Agroecológico de Yerba Buena abrió sus puertas en calle Facundo Quiroga 58 fue el último sábado de marzo, unos días después de que la pandemia de coronavirus arribe a la Argentina y el presidente Alberto Fernández decreto el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) para evitar contagios y preservar el sistema de salud. Fue el inicio entonces de un año marcado por la inestabilidad y la incertidumbre para los 35 feriantes que ofrecían los más variados productos en una feria que se distingue por su calidad y calidez.

Tras ocho meses de participar ocasionalmente en la Feria de Yerba Buena y de activar las redes sociales y un servicio de logística “solidario” para acercar la producción agroecológica a los clientes, un grupo de feriantes se acercó el lunes pasado a las puertas de la intendencia para solicitar a los funcionarios que se apruebe el regreso del Mercadito en el marco de las nuevas flexibilizaciones que autorizó el Comité Operativo de Emergencias Sanitarias (COES).

Luego de presentar notas y de mantener un encuentro con el secretario de Gobierno municipal, Manuel Courel, quedó confirmado que el Mercadito Agroecológico de Yerba Buena se realizará los días 28 de noviembre y 12 de diciembre en el jardín del salón de fiestas La Coupole, ubicado en avenida Aconquija 2699, gracias a que su propietario cedió gratuitamente el espacio para que los puesteros puedan reactivar su actividad. Cada nueva fecha, a partir de ahora, deberá ser autorizada por el municipio, según la situación epidemiológica.

“Empezamos a buscar un espacio privado y al aire libre porque, en este contexto de pandemia, el Mercadito de la Quiroga nos queda chico y es muy cerrado”, explicó Federico Flores, propietario de Huertas Agroecológicas Tucumanas, uno de los emprendimientos que participa de la Asociación Civil Conciencia Agroecológica que conformaron algunos de los puesteros y que durante la pandemia obtuvo la personería jurídica.

“Teniendo en que cuenta que se trata de una propuesta participativa y solidaria en donde no se cobra a los feriantes, el dueño de La Coupole nos ofreció gratuitamente el lugar para los próximos encuentros. El Mercadito no es un comercio, nuestra única ganancia al organizarlo es poder mostrar y vender nuestros productos”, resaltó entusiasmado por la reapertura que traerá algo de alivio a fin de año.

“Las ferias en todo el país quedaron muy relegadas. Nosotros somos entre 30 y 35 feriantes y ese ingreso es muy importante para nosotros. Más allá de la actividad social y cultural que representa el Mercadito, es también la fuente de trabajo y de ingresos de muchas familias”, analizó Flores y adelantó que recibirán a la comunidad que se formó en torno a este encuentro con el protocolo que les facilitó la Municipalidad para eventos de estas características.

“En el Mercadito era muy común reencontrarnos con clientes y amigos y saludarnos con un abrazo, preguntarnos cómo iban las cosas. Ahora, la pandemia cambió todos los hábitos y el foco del protocolo estará puesto en el distanciamiento social. Estaremos atentos a la distancia entre feriantes y a que la gente no entre a los puestos”, anticipó el dueño de Huertas Agroecológicas Tucumanas, quien pidió apoyar a los trabajadores de la economía social y a un modelo de comercialización en donde se evitan los intermediarios, para que los alimentos lleguen de la tierra a la mesa y la alimentación sea más saludable y económica.

En este sentido, Flores comentó a eltucumano.com que “uno de los objetivos por los cuales decidimos conformarnos como una Asociación Civil con todas las cuestiones legales en orden es para poder conseguir financiamiento y que el Mercadito se constituya como un punto de comercialización fijo e importante” en Yerba Buena, de la misma manera que lo es actualmente la Feria de Artesanos del Bicentenario en San Miguel de Tucumán.

“La idea del Mercadito es que no sea una feria más, sino que hagamos un mercado con puestos fijos en donde los trabajadores de la economía social puedan ejercer sus derechos y que la gente pueda comprar alimentos con una cadena más corta y, por lo tanto, que sean más baratos”, describió Flores, quien agregó que “todos los productos que se venden, desde las hortalizas hasta las artesanías, son elaboradas por el mismo vendedor”.  

Un modelo participativo

Plantines, semillas, aceitunas, miel, pan de masa madre, huevos, productos de cosmética natural y juguetes didácticos son sólo ejemplos de la variedad del Mercadito, un espacio participativo en donde no se cobra por participar sino que se colabora en diferentes comisiones para su sostenimiento. “Hay emprendimientos que son empresariales, son negocios, en donde te cobran por participar. Aquí, si vendiste, colaborás con $100 y, si no vendiste, dejás $50 o no dejás. Lo importante es ayudar en las comisiones, porque eso garantiza la participación y la posibilidad de sostener la feria en el tiempo”, añadió Flores.

Con la mirada puesta en un futuro más promisorio que el presente de la pandemia, los organizadores del encuentro buscan ampliar la oferta para que sea cada vez más completa. “Somos un grupo bastante fijo, pero la idea es ir abriéndonos a los rubros que no tenemos. El objetivo es la diversidad para que las personas que vengan puedan abastecerse de todo”, apuntó el agricultor, quien destacó el espíritu solidario que se mantuvo intacto durante los meses de cuarentena para seguir adelante pese a las vicisitudes.  

“Tenemos feriantes que sólo viven de esto y su economía está totalmente abajo, la están pasando mal”, graficó y señaló que el regreso de la Feria del Parque Avellaneda el fin de semana pasado los motorizó a reclamar el regreso del Mercadito por todos los compañeros, sobre todo teniendo en cuenta que se acercan las fiestas de fin de año. “Son fechas muy importantes, ya pasó el Día del Padre, de la Madre, de la Primavera, todas celebraciones que incentivan las ventas y que no pudimos ofrecer nuestros productos”, consideró con la expectativa puesta en repuntar en las últimas celebraciones que quedan de este particular 2020.

“La verdad que esta situación nos obligó a todos a cambiar nuestros esquemas, nos fuimos adaptando a la pandemia y nos apoyamos mucho en estos tiempos difíciles en donde la única forma de sobrevivir fue con las redes, los envíos y los contactos que nos habían quedado de los clientes que ya nos tienen como proveedores”, detalló Flores e insistió sobre la esencia que distingue al Mercadito: “la gente ya sabe que Martín tiene las aceitunas, el otro, la miel; aquel la artesanía para hacer un regalo. Esa red fue la que, en definitiva, nos salvó”.


Fuente/foto: el tucumano

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