“Es muy difícil estar lejos de la familia, pero es el precio que se paga”, resume Matías Quintana, afincado en Nueva Zelanda

Nunca me quedo quieto

Matías Quintana / Wanaka, Nueva Zelanda

No siempre viví aquí. Desde chico fui un apasionado de la lectura y siempre soñé con viajar por el mundo. Me fui de Tucumán en 2013, a Estados Unidos. Viajé con tres amigos por poco menos de cuatro meses y la experiencia me cambió el chip. Decidí seguir viajando y conociendo lugares, gente y culturas diferentes. Desde entonces estoy viajando y he vivido en Londres, Italia, España, República Dominicana y otros tantos lugares. He viajado a lugares exóticos como la India, Islandia, Camboya y muchos países más. En Camboya conocí a mi novia hace tres años. Es mallorquina y también viajera como yo. He dormido en casa de docenas de personas y familias de todo el mundo, gracias a una app para viajeros llamada Couchsurfing. Hice amigos de todo el mundo, aprendí a hablar tres idiomas aparte del español y sigo descubriendo y aprendiendo día a día.

Mi día a día aquí es levantarme temprano para ir a trabajar, en el rubro de la construcción, estoy hace un año haciendo esto. Construimos casas en el sur de Nueva Zelanda, en el pueblo donde vivo, llamado Wanaka. Un lugar soñado donde cada día te sorprende el paisaje imponente de montañas nevadas y lagos cristalinos. Es un lugar muy tranquilo donde la gente deja abiertas la puerta de la casa y del auto. Uno deja la bicicleta al costado del lago, se va a pasear y vuelve a las dos, tres, cuatro horas y tus cosas siguen en el mismo lugar. La antítesis de Tucumán. Los fines de semana por lo general  viajamos por los alrededores, hay muchísimo para hacer y la gente lleva una vida muy conectada a la naturaleza y el deporte. Hay centros de esquí, paracaidismo, alpinismo, montañismo, mountain bike, y lo que te imagines.  

Para venir a trabajar aquí tuve que sacar una visa de trabajo y vacaciones que luego de tres años pude conseguir, ya que los cupos son limitados y hay muchos argentinos tratando de venir.

No volvería a Tucumán. No sólo por la pésima calidad de vida; también porque el estilo de vida que escogí es incompatible con la idea de quedarme en un solo lugar, trabajar en un solo lugar y hacer siempre lo mismo. Creo que en el cambio hay crecimiento y a Tucumán lo veo estancado, inmutable. Siento que haberme ido fue la mejor decisión que tomé. Por supuesto que es muy difícil estar lejos de la familia, es una cicatriz que no se borra, pero es el precio a pagar por vivir de esta manera.

Nuestra tan ansiada aventura

Familia Werchow-Tarcic / Tel Aviv, Israel

Somos Ger, Barbi, Teo y la pequeña “unicornio” Ligia, como ella misma se presenta. El miércoles 30 de septiembre, hace apenas cinco días, llegamos a Israel. Desde que entramos tuvimos que quedarnos en cuarentena en un hotel que nos asignaron.

Llegar hasta acá en plena pandemia fue toda una odisea. Durante 16 horas manejamos una camioneta alquilada para viajar desde Tucumán hasta Buenos Aires, con todos los permisos correspondientes. Luego llegamos a Ezeiza, donde tomamos un avión a París. Desde ahí volamos hasta acá. Todo fue rarísimo porque los aeropuertos son muy distintos con esta nueva normalidad, toda la gente con barbijos y puestos de alcohol en gel en todas partes. Sobre todo porque no había mucha gente, salvo en París (donde sí había mucha gente).

Desde el aeropuerto nos trasladó un micro hasta el hotel. Ya teníamos asignadas dos habitaciones contiguas. Es 5 estrellas pero no podemos disfrutarlo porque no podemos salir de los cuartos. En realidad, nos cobran 5.000 séquel (cerca de 1.500 dólares) si salimos de la habitación, así que nos quedamos encerrados. Nos traen la comida tres veces por día, desayuno, almuerzo y cena. Estamos un poquito desfasados en el horario, durmiendo mucho, pero nos acomodaremos.

El estado de Israel se hace cargo de todo esto. Nos recibieron excelente y con muchas atenciones y cuidados. Nos gustaría salir, pero acá estamos en fase 1 de la cuarentena. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, en todo el mundo estamos padeciendo esta pandemia. El movimiento realmente es mínimo, sobre todo de noche. Se respeta mucho la cuarentena estricta.

Esto posteó Barbi en su Facebook: “esto que venimos gestando desde mayo de 2019 es una aventura que hemos ansiado tanto tanto que ni siquiera una pandemia, ni el miedo, ni dejar a nuestros amores, logró contrarrestar el deseo profundo de aventurarnos, de pensarnos en otros espacios, con otros idiomas, sabores, aromas. Cruzamos el charco”.

Veo las cosas con claridad

Josie Segura / Madrid  

Llegué a España en octubre de 2017. Ahora estoy en Madrid. Me fui de Tucumán porque de repente se presentó la oportunidad, ya que mi pareja de ese momento estaba trabajando acá. Además, tenía la nacionalidad española, sumado a que sentía que tenía que alejarme para ver las cosas con más claridad.

Todo apuntaba a que era el momento de cambiar de aire y, aunque costó, encontré oportunidades luego de lograr entrar, estudiar y recibirme en la carrera de Dirección de Cine en la Enerc de Buenos Aires. Trabajé mucho en publicidad y en cine. Eso y mi tesis, que fue un corto llamado “Tormenta de verano” y que fue seleccionado en festivales de Europa y Latinoamérica, me abrieron las puertas al trabajo en España. Me quedé en Málaga dos años antes de venir a Madrid. Allí hice un corto (“Un hombre con suerte”) para el Festival de Nuevo Cine Andaluz, donde gané el primer premio del jurado. Luego de eso llegó la oportunidad de trabajar en el equipo de dirección de la serie “Veneno” -foto- (también hice de doble de uno de los personajes), que se estrenó hace muy poco en España y se verá en toda América a través de HBO.  

Por estos días estoy trabajando en una agencia de representantes, por lo que cada mañana salgo temprano desde el departamento que alquilo para buscar potenciales actores y actrices y organizar la agenda de mi jefe. Aquí no es fácil para los extranjeros conseguir trabajo, pero tener la nacionalidad y los papeles ayuda mucho.

Me hicieron sentir en casa

Franco Mirolo Escandar / Estados Unidos

Nací en San Miguel de Tucumán pero hace muchos años me mudé a Córdoba capital. Desde finales de julio de 2019 estoy viviendo en Buffalo, en el noroeste del Estado de Nueva York. Vine a hacer un Juris Doctor a la Universidad de Buffalo para ejercer como abogado en Estados Unidos. Siempre me interesó el sistema jurídico norteamericano, por lo que en 2017 comencé a averiguar sobre la posibilidad de estudiar en este país.

Mi día a día transcurre entre clases, libros y trabajos para entregar. El nivel de estudio es muy exigente y es fácil perder el ritmo de las materias si uno no le dedica el tiempo requerido. La carrera es bastante competitiva, así que permanentemente hay que estar trabajando para destacarse. A diferencia de Argentina, aquí el que se esfuerza, triunfa.

Más allá de la universidad, ya me acostumbré a mi nueva vida aquí. No es mi primera vez en Estados Unidos, por lo que el cambio cultural no significó mucho para mí. La gente es muy amigable y están dispuestos a ayudar. Me hicieron sentir como en casa desde que puse un pie en Buffalo.

Acá todo funciona perfecto

Ignacio Casañas Prioris / Países Bajos

Estoy en Amsterdam desde hace tres meses. Vivir en esta parte del mundo es disfrutar cada minuto. Es completamente distinto a lo que estaba acostumbrado. Por ejemplo en la cuestión de la movilidad, el poder ir a todos lados, en tranvía, con la bicicleta. A veces hago 30 kilómetros por día en bici para ir a laburar, a veces para ir a parques. Acá todo funciona de una manera increíble. Es un país lindísimo, multicultural. Con un montón de cosas que te vuelven loco. Por ejemplo hablo ahora sentado en el patio de mi casa, al lado de un pequeño canal, y esto es impagable.

Claro que hay que tener muchas cosas en cuenta. Saber inglés es muy importante, pero hay que aprender el “dutch”, porque es el idioma de ellos y es duro, complicado, muy de garganta. Y para nosotros se hace difícil aprenderlo.

El tema laboral es muy diferente, eso es muy claro. En base a mi experiencia, con el tema de la covid-19 se complica muchísimo. Trabajo en una fábrica, con un montón de gente adentro, entonces indefectiblemente se iba a sentir. Es algo temporal, por hora, y con el coronavirus esas horas se reducen, entonces es menos la plata también, y estamos más presionados. Pero son cosas que sabíamos que podían llegar a pasar, no queda otra que poner el pecho.

Hoy no volvería a la Argentina. Primero, por una meta personal, mi idea de toda mi vida fue venir a Europa. Segundo porque siento que acá las cosas funcionan de una manera que me gusta y lo siento bien. Tercero porque el clima me agrada, es templado y cálido con lluvias durante todo el año; es el clima en el que siempre quise vivir, siempre renegaba del clima tucumano. Por último porque las cosas lamentablemente en Argentina no van como uno quisiera y por más que uno dice “no quiero abandonar el barco”, a veces hay que pensar en uno mismo y dejarse llevar. Es un país de primera, con canales, cultura, bicicletas; con sus aristas malas, lo laboral por ejemplo, pero todo a la larga se solucionará. Si no, hay que salir a buscar otras posibilidades. Ahora la estoy pasando bien y siento que fue una buena decisión.

Uno es de donde se hace

Leandro Erbetta / Madrid

Vine en 2018 a Granada para hacer un máster de Medicina. Lo fui continuando con otras especializaciones en Madrid, donde estoy ahora. Actualmente estoy estudiando, preparando el examen para la residencia.  

Durante el día entonces aprovecho para preparar ese examen, y por las tardes tengo mi tiempo de ocio con amigos y amigas. Trato de disfrutar de la ciudad, que es maravillosa.

En cuanto a regresar a Tucumán… Hay un dicho que dice “uno no es donde nace, sino donde se hace”, y la verdad es que en España encontré una sociedad maravillosa, gente que me apoya, amigos, compañeros, compañeros de piso, mi pareja. Así que sin dejar de lado los afectos de Tucumán, volver no es algo que me plantee a corto plazo.

Encontré la estabilidad

Pilar Funes / Barcelona

Vivo hace un par de meses en Barcelona, pero en Europa estoy hace un año. Vine porque me puse de novia con un “trotamundos”. Y para seguirle el ritmo de vida a un trotamundos necesitaba ahorrar. Y en Argentina no podía contemplar ni ahí esa posibilidad. Así que cruzamos el charco para buscar estabilidad, y por suerte en poco tiempo la encontré.

El Gobierno de acá me facilitó las herramientas para que pudiera insertarme laboralmente rápido, hice una formación de inglés empresarial gratuita, luego una de software en scrum y actualmente estoy haciendo una de marketing. Llegué en marzo y en julio ya estaba trabajando. Ahora estoy en un centro de formación profesional de una empresa de Bilbao, muy feliz y contenta. Extraño muchísimo Argentina, extraño a mi familia, extraño a mis amigos, extraño a mi sobrina y a mi sobrino, pero la verdad es que no volvería. Acá encontré rápido estabilidad y tengo muchas herramientas para viajar, que es lo que quiero hacer. De hecho es el motivo por el cual estoy acá. Es mucho más fácil eso: me subo a un tren o a un avión y estoy en donde quiero. ¿Por cuánto? Por nada. Ni por el 2% de mi sueldo. Entonces mi objetivo es seguir viajando, conociendo, disfrutando y mantener esta estabilidad. En Argentina nunca la pude tener como yo quiero.

Se trabaja, no todo es fiesta

Pablo Rojas Paz / Punta Cana, República Dominicana

Me mudé en noviembre de 2014, así que son muchos años en la isla. Si bien puedo agarrar la moto (acá todo el mundo anda en moto) e ir ya mismo a la playa, no todo es mar como todo el mundo cree. También se labura, tenemos una vida normal.

Más que todo me fui de Tucumán porque no estaba conforme con cómo era mi vida. Y decidí venir, tuve suerte porque mi hermano ya estaba desde antes. Vine de vacaciones y me enamoré del lugar. Me quedé con esa idea y luego la concreté.

Hace unas horas me tuve que hacer un test de covid-19 (dio negativo) ya que trabajo en el hotel Secrets Cap Cana, llevo más de cinco años en la compañía. Abrimos a finales de julio y nos hacen tests cada dos semanas. Tenemos todas las medidas de seguridad y van abriendo la mayoría de los hoteles para trabajar porque, aunque no parezca, no todo es fiesta.

Lo que se extraña de Tucumán son las costumbres, los grandes amigos, el grupo del colegio, de la universidad, el fútbol, los asados, pero por suerte acá tenemos muchas de esas cosas. Por suerte con la ayuda de la tecnología podemos hablar seguido. Así que en mi caso la mejor decisión es haberme venido.

Fuente: La Gaceta

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