En memoria de Juan José Vargas y Rafael Caminos

Los griegos nos contaron un secreto tiempo atrás: Prometeo burló a Zeus y trajo la Llama Divina con el afán de que los hombres pudieran vivir correctamente en el camino de la evolución espiritual y se convirtiesen en el más perfecto de todos los animales de la tierra.

Este relato no es más que el prefacio para hablar de los Seres de Otros Planeta que, cumplida su misión, debieron regresar al Olimpo en donde contemplan apacibles los frutos de su siembra.

Lejos estoy de escribir palabras que los describan fielmente o que, al menos, representen una pequeña parte de su historia. Sin embargo el no hacerlo, sería una completa deshonra a las memorias que se atesoran en los recuerdos colectivos.

¿Cómo explicar en breves líneas todo el recorrido de éstas vidas batalladas persiguiendo ideales? Imposible… No lograría –nunca- resumir biografías, acortar curriculum vitae, o extraer proezas principales. Por eso, cuando las palabras no logran traducir al corazón, es la música una herramienta valiosa que entre melodías balsámicas nos permite reencontrarnos con éstos Seres.
Almir Sater y Renato Teixeira me lo explicaron así: “Se precisa amor para vivir; Se precisa paz para sonreír; Se precisa la lluvia para florecer. Cumplir la vida es simplemente comprender la marcha e ir tocando en frente; por un largo camino vamos y caminos somos”. Sin duda esto, es una fiel representación de Juan y Rafael.

El Ingeniero y el Arquitecto supieron transitar sus años demostrando lo valioso que es vivir con vocación. Vocación a existir, a crear, a cuidar, a proteger, a servir… Encontraron junto a su profesión, cómo llegar a cada rincón que necesitaba luz, paz, templanza, o simplemente una mano tendida. Construyeron puentes, abrieron caminos. La docencia y la política fueron instrumentos sociales innegociables, con los que se abrazaron a los sueños colectivos y buscaban hacerlos realidad.

Ellos son inmortales. Vivirán por siempre en el recuerdo de cada uno de los que, afortunadamente, compartieron -aunque sea- pocos pasos o -con suerte- extensas caminatas. Ahora regresaron al Olimpo; los estaban esperando “paciendo en el portal una reata de Pegasos para cruzar el cielo y pintar nuevas constelaciones; para que navegantes extraviados en la noche encuentren el camino que les acerca al mañana”.

Señores ¡Ustedes sí que eran de otro planeta! Estuvieron un tiempo por la Tierra pero vivirán por siempre aquí, acurrucaditos en nuestros corazones, reviviendo en cada memoria y continuando lo planeado, de la mano de quienes asumimos la responsabilidad de no dejar apagar nunca la Llama.

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