En las últimas horas, las vacunas de Johnson & Johnson y AstraZeneca volvieron a quedar bajo la lupa por una posible vinculación entre estas inmunizaciones y el síndrome de Guillain-Barré. Es que mientras que la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) anunció que emitirá un alerta por el desarrollo norteamericano, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) pidió estar alerta por la vacuna británica. Ante esta situación, que se suma a la ya notificada posibilidad de generar trombos, ambas empresas anunciaron que se encuentran analizando reformular sus sueros.

Más allá de los nombres y orígenes, ambas vacunas comparten la misma plataforma, es decir que se basan en un viral no replicativo, es decir que usan utiliza a un adenovirus (como puede ser el virus de la gripe) que le introduce un pequeño trozo de la proteína del SARS-CoV-2 (es decir de la corona que le brinda el nombre).

La estrategia es sencilla: un Caballo de Troya. Mientras que el adenovirus es el gigante de madera, la spike es Ulises escondido dentro. Sin embargo, a diferencia la novela, no habrá una invasión sino un simulacro que le permitirá al cuerpo aprender a batallar con la enfermedad sin, realmente, enfermarse.

Advertencia norteamericana

Este lunes se conoció que la FDA se prepara para anunciar una advertencia sobre la vacuna de Johnson & Johnson, ya que desde los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) habían detectado 100 informes preliminares de Guillain-Barré, sobre un total de 12.8 millones de inmunizados, que habrían desarrollado la patología tras recibir la vacuna. Según señalaron, los casos surgieron a dos semanas de la vacunación, que en este caso es con una sola dosis, y principalmente en hombres de 50 años o más.

El prototipo denominado Janssen Ad26.COV2.S COVID-19 se presentaba como una gran solución ante la pandemia, ya que al ser administrado en una sola dosis y solo requería de una refrigeración de entre 2°C y 8°C, varias naciones lo evaluaron como el más indicado, ya que, además, había mostrado una eficacia del 85,4% para la prevención de la enfermedad grave y del 93,1% para la hospitalización.
Sin embargo, las malas noticias empañaron los buenos resultados de sus estudios. En abril, la CDC junto con la FDA recomendaron suspender la administración de esta vacuna al relacionarla con cuadros del síndrome de trombosis-trombocitopenia (TTS, por sus siglas en inglés). Sin embargo, en mayo esta suspensión había sido levantada, ya que afirmaron que “los beneficios conocidos y potenciales de la vacuna superan los riesgos conocidos y potenciales”, aunque se sumó una aclaración a la etiqueta.

Incluso, tras una supuesta contaminación con la vacuna de AstraZeneca en una planta de Baltimore que era administrada por una subcontratista (Emergent BioSolutions), la administración de Joe Biden ordenó que se desechen unas 75 millones de dosis de la vacuna y definió retirar, directamente, la chance de que se continúe fabricando el desarrollo británico en dicho lugar, pero según medios locales tampoco se llevó adelante la producción de Janssen.
A esta andanada de malas noticias, ahora se sumó la posible vinculación que existe entre esta vacuna y el síndrome de Guillain-Barré. Según señalaron desde la CDC, esta patología tiene una tasa de alrededor de 60 a 120 casos por semana y se desencadena luego de haber padecido una infección viral o bacteriana.

Ahora la FDA dispuso que se realicen cambios en “la hoja de datos que entrega la farmacéutica” a los vacunadores. “En la mayoría de estas personas, los síntomas (del Guillain-Barré) comenzaron dentro de los 42 días posteriores a la recepción de la vacuna Janssen. La posibilidad de que esto ocurra es muy baja”, advierte el escrito.

En un comunicado sobre la posible reformulación de su vacuna, Johnson & Johnson aseguró que apoya “la investigación y el análisis continuo mientras trabajamos con expertos médicos y autoridades de salud global” y destacó que “mantiene su compromiso de ayudar a poner fin a esta pandemia mortal lo más rápido posible”.

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